mujeres-cap-foto-laboletina-martha-vasquezEn Salinas Grande, León, administran con éxito servicio de agua comunitario para el bien de todas y todos Lucía Valladares de 49 años de edad, cuenta lo difícil que es para las mujeres de su comunidad caminar dos kilómetros de distancia con un saco de ropa sucia a tuto para ir a lavar al río Las Mercedes, cerca de las comunidades de Salinas Grande en León. 

 

Junto a las mujeres van las niñas y niños quienes cargan pichingas para, al regreso, llevar agua hasta sus casas y mitigar la falta de agua potable en sus hogares.

 

 

Esta situación impulsó a Lucía junto a cuatro mujeres más a tomar las riendas de un puesto de agua eléctrico y formar el Comité de Agua Potable y Saneamiento, conocido como Caps. 

 

Estas mujeres empezaron en el 2009 con la administración del agua para abastecer del vital líquido a cinco comunidades: Cooperativa Omar Torrijos, Divino Niño, Villa Esperanza, Ciudadela y La Playa. Todas están ubicadas en la zona conocida como Juan Venado-Salinas Grandes. El beneficio es para mil 500 personas. 

 

Los Caps se encargan de administrar el agua en comunidades rurales donde el Estado no logra asumir su función de proveedor de servicios básicos como el agua. Es necesario aclarar que el acceso al vital líquido es un derecho humano y constitucional de los nicaragüenses. 

“Las principales víctimas de la escasez de agua en los hogares somos las mujeres y los niños, porque nos toca a nosotras bajar a los ríos, acarrear el agua desde largas distancias, corriendo peligro de ser picadas por un animal o a ser violadas y asesinadas”, nos dice Lucía, quien es la presidenta del Caps de Salinas Grandes. 

 

Por su parte, Jeanneth Lira, vocal dentro del Caps, indica que es a las amas de casa a las que les toca resolver el problema del agua para hacer los oficios del hogar; el hombre se va a trabajar y al regreso sabe que tiene comida y lavada la ropa. 

 

 

En números rojos 

 

Foto: La Boletina/ Martha VasquezEl mini acueducto en pésimo estado, tuberías tapeadas, medidores quebrados y una deuda de 50 mil córdobas en facturas de energía eléctrica, fue lo que la administración anterior del Caps, que estaba en manos de los hombres, le entregó a las mujeres. 

Esa misma administración, en años anteriores, sacó a las mujeres del proyecto del agua menospreciando su capacidad diciendo que ese “no era trabajo para mujeres”. 

 

“Asumir la propuesta era un reto y una oportunidad para demostrarle a los hombres que las mujeres sí podemos con esa responsabilidad”, nos contó Miriam Téllez, quien asume la función de fiscal dentro del Comité. “Si podemos acarrearla del río también podemos administrarla”, agrega. 

 

La primera tarea de las mujeres fue cobrar a los deudores morosos para poder recuperar cartera. “No condonamos deuda porque si no, no habríamos rehabilitado el sistema de acueductos”, nos dijo Lucía. 

 

Además buscaron ayuda con organismos religiosos, realizaron gestiones y lograron comprar la bomba de agua y el motor que estaba quemado, para poder empezar a trabajar. En un año la miniempresa salió a flote. “No tenemos deuda, somos autosostenibles, tenemos fondo; si adquirimos un préstamo es porque podemos pagarlo”, nos dice orgullosa Lucía. 

 

Familia y servicio comunitario 

 

Prestar el servicio de agua a la comunidad demanda largas horas de trabajo y gestiones ante instituciones del Estado y ni se diga de lidiar con cada miembro de la comunidad, nos comenta Yahaira García, la tesorera del Caps. 

 

“Cuando se daña una tubería o la bomba, salimos de la casa a la hora que sea para ir a resolver. Unas caminamos tres kilómetros hasta la bomba de agua y a altas horas de la noche para resolver el problema”, nos cuenta Yahaira. 

 

Además de los esfuerzos por cumplir con su trabajo, han sabido enfrentar comentarios negativos contra ellas, por el hecho de ser mujer. Cuando empezábamos nos decían que éramos vagas, que teníamos que estar en la casa, nos cuenta Mayela Torres, secretaria del Caps. 

Estas mujeres han aprendido a negociar con sus parejas para dividir su tiempo entre el trabajo comunitario y el hogar. “Si ellos no respetan y valoran lo que hacés, la relación no puede funcionar bien”, nos dice Lucía. 

 

Cambio de actitud 

 

La eficiencia en el servicio de agua potable producto de una excelente administración, ha llevado al cambio de actitud de las personas de las comunidades hacia las mujeres del Caps, a quienes ahora respetan y admiran. 

 

“Aquí en Salinas Grandes había mucho machismo, pero se ha ido erradicando poco a poco con el liderazgo comunitario que hemos venido desempeñando. Aunque ha sido bien duro demostrar que somos buenas administradoras, lo hemos logrado”, dijo Jeanneth. 

 

Ahora los comentarios que se oyen son: “Allá van las mujeres, quién sabe qué problemas hay en la bomba. Esas mujeres si son de fiar, ya van a resolver”, nos comparte Mariela. 

 

En ocasiones algunos hombres las apoyan, cuando las ven abriendo zanjas bajo el sol. “Aquí el terreno es bien duro. Ahora tenemos dos fontaneros que nos ayudan”, agregó Mariela. 

 

Las mujeres del Caps están satisfechas por su trabajo y el aporte que dan a la comunidad. “El principal beneficio es tener agua de calidad en nuestros hogares y no ver a la gente acarreando agua en pichingas”, dice Lucía. 

 

Para Miriam Téllez, su trabajo es un aporte a las nuevas generaciones, ya no tomarán agua contaminada del río, sino que tomarán agua de calidad. “Me siento útil, capaz y eso me motiva a seguir adelante. Antes no teníamos derecho a trabajar ni a realizarnos como persona, ¡vea ahora la diferencia!” dice Miriam. 

 

Compartiendo las decisiones 

 

Foto de La Boletina/Martha VasquezEl trabajo en equipo no es fácil, nos comenta Lucía, quien aclara que en la toma de decisiones han tenido discusiones fuertes entre ellas, aunque asegura que al final logran llegar a un acuerdo. 

 

Cada miembra del Caps recibe una ayuda simbólica de 200 córdobas al mes por las gestiones que realiza a favor de la comunidad, nos dice Lucía y agrega que tienen el reto de dejar en buenas manos el Caps. 

 

Para eso, entrenarán a adolescentes y jóvenes para que aprendan a administrar el agua. “Prepararemos el relevo generacional, organizando a los jóvenes para que administren los tres puestos públicos que tenemos”, expresó 7 Lucía. 

 

Los costos de mantener un Caps 

 

Los Caps son organizaciones comunitarias sin fines de lucro, es decir, no buscan ganancias para enriquecer a un grupo de personas; están conformados por personas electas democráticamente por la misma comunidad. Están protegidos por la Ley Especial de Comités de Agua Potable y Saneamiento que fue aprobada el 10 de junio del 2010. 

 

Para poder ser autosostenibles deben cobrar por el servicio de agua, para poder hacer reparaciones cuando sea necesario, darle mantenimiento a las tuberías y bomba, pagar la luz eléctrica, ampliar el sistema y llegar a más familias. 

 

Cobran a nueve córdobas el metro de agua para las casas que tienen medidores, que son pocas, y al resto se les cobra una tarifa fija de 90 córdobas al mes, explica Lucía. 

 

“El cobro es un reto que enfrentamos cada mes. No contemplamos a nadie con derroche de agua, somos flexibles y ofrecemos arreglos de pago, pero no permitimos la impuntualidad, porque si no, no podríamos pagar los recibos de energía”, nos dijo Lucía. La mayor dificultad que tienen son las altas facturas de energía eléctrica, que salen entre 12 mil y 15 mil córdobas al mes. 

 

Desde hace seis meses están inscritas en el Registro de León y ahora gozan de los beneficios de la Ley 722 o Ley de los Caps, como la exoneración de impuestos en compra de materiales y les revierten en las facturas parte del impuesto que pagan ante la Dirección General de Ingresos, entre otros beneficios. “Estar legal te da compromisos, pero también te da beneficios”, finaliza Lucía. 

 

 

Artículo de:  La Boletina / Puntos de Encuentro